martes, 29 de junio de 2010

La filosofía maradoniana: una generación que "la tiene adentro".

Compartir Encuentro cercano del último tipo es la experiencia religiosa que muchos jóvenes (y no tan jóvenes) están empezando a vivir, desde que el patético personaje burlón e intolerante volvió a asomar la cabeza en los últimos tiempos.
Este mundial no hará más (en caso que Argentina llegue hasta la final) que incrementar este grado de retroceso mental al que se autosometen los fanáticos de la desfachatez y la mala educación de un semi adulto interesado en captar la atención de un público que observa expectante, la nueva estupidez con la que los deleitará. Considero que Diego Maradona ha sido un ícono del deporte argentino, de hecho lo creo uno de los más grandiosos futbolistas de todas las épocas; pero en el camino hacia la beatificación creo que me perdí de algo. Maradona no es ejemplo de vida, ni siquiera en su extraordinaria carrera supo hacer pie para proyectar ese futuro maravilloso que le auguraban.

Pero claro, en Argentina nos caracterizamos por hacer “queribles”, a personas cuyo mérito es haberse cargado en sus espaldas el mote de “pueblo”, y es justamente esta cuestión la más triste de todas: la egolatría confundida con “la única e irrefrenable voz del pueblo”. Este antipático producto del talento, la fama y los excesos, se calzó la bandera del populismo desde esa inmunidad que le otorgaron sus mismos fanáticos, y hoy sus palabras son un mandato divino. Como buen populista, supo desarrollar más de una maña, al estilo y a la altura de cualquiera de nuestros amigos progres, ya muy reconocidos en el ambiente:

-Tiene una gran capacidad para crear enemigos externos (Brasil con sus declaraciones contra Pelé o Inglaterra), y no conforme con eso, tuvo la capacidad de fortalecer el monstruoso código populista interno conocido: los medios de comunicación. Estamos a 28 de junio, y el tema de conversación no es la alegría por el éxito de la Selección, sino, cuán adentro la tienen, esos periodistas que injustamente lo criticaron. Sus conferencias rebalsan de chistes festejados por un manojo de obsecuentes que en lugar de marcar un límite de cordura en las diferentes situaciones, se ríen y aplauden ante la primer ocurrencia carente de todo respeto, que como si fuera poco, es reproducida por veinte canales de televisión bajo el título: “El rebelde de siempre”, con esa insólita esperanza de que aparezcan nuevas frases igual o más humillantes.

-Por otro lado, sabe delimitar su campo de juego enarbolando la ideología socialista, como si fuera el único pasaporte hacia el reconocimiento y la admiración; necesita mostrarse como un rebelde guevarista, aún a los 50 años y con decenas de millones de dólares en su haber. Un fenómeno muy repetido.

-Tuvo un origen humilde y sufrido, que usa de bandera para justificar sus reacciones del presente. Eso que llaman “La filosofía de la calle y el potrero” que pareciera exonerarlo. Pero el Diego Maradona de hoy, es un tipo multimillonario, y no vive como aquél “pibe de clase baja de Villa Fiorito”; hace más de treinta años que dejó la pobreza, para disfrutar de los lujos que ganó con talento y esfuerzo, muy bien merecido.

Es importante hacer un paréntesis para reflexionar unos pocos segundos, y mirar con más agudeza a este personaje que hoy tiende irreversiblemente hacia la mediocridad (y hablo de él como persona) para declinar en la insistencia de divinizar cada uno de sus pasos, tacleados por trilladas aspiraciones idealistas y revolucionarias.

sábado, 19 de junio de 2010

Populismo en Hat-Trick

Compartir Aprovechando la actitud light que traigo puesta desde que amanecí, quiero hacer un post de Varieté considerando que es necesario postear “un algo” que reavive la discusión de éste, el país virtual que nos ha tocado en suerte.
En este país, (que de extraordinario sólo le queda el estado de asombro permanente) es complejo no caer en lo predecible de una situación que se empeña en condenarnos. Ojalá sólo fuera culpa de una “situación” y no de la perversión individual, quiero decir, de una persona perversa. En un primer momento usé la palabra perversión como sinónimo de demoníaco, maléfico; un poco más allá me pareció que su verdadero significado no iba mal con lo que quería decir y me animé a jugar con estos sentidos mientras trato de hilar una frase más o menos coherente. Perversión es encontrar placer en un comportamiento sexual atípico. Voy a unir esto a la política (actividad humana dirigida al beneficio de la sociedad) y sumarle incluso, nuestra coyuntura fiel al ultimundismo. Me atrevo a hacer una sinopsis que quedaría de la siguiente manera: “Justicia social es que todos tengamos acceso a un pomo de vaselina” para que nos empomen con métodos confiables...


Abuelas: El NOBEL de la vergüenza.

Tuve el desagrado de ver a Estela de Carlotto en la Tv que hoy es propiedad exclusiva del país real, haciendo lobby por Sudáfrica, especulando con las nuevas posibilidades que tiene la Organización creada en 1977, de ser la nueva y flamante aspirante al Premio Nobel de la Paz. Según palabras de Alfred Nobel, este premio se otorga a "a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz"; la Organización Abuelas de Plaza de Mayo, no sólo niega rotundamente la falta de paz al interior de las fronteras de nuestro país, sino que promueve la intervención de las agrupaciones de izquierda que han sostenido bochornosamente la lucha armada de sus miembros, como instrumento de acción permanente, sosteniendo y justificando la pasada actuación de estos personajes en el contexto de la última dictadura militar. En materia de actualidad, su apoyo a lo que se ha dado en llamar Socialismo del siglo XXI, no es más que una cooperación lisa, llana y descarada con la abolición gradual de los derechos individuales fundamentales en toda latinoamérica. Su apoyo explícito a países de muy dudoso compromiso con tales derechos, como Cuba y Venezuela, no es otra cosa que la falta de sinceridad moral de estas mujeres. No es paz lo que siembra este tipo de organizaciones, sino que al contrario, brindan el instrumento pertinente para fomentar la violencia y quebrantar el orden constitucional, clasificando moralmente a quien merece y quien no, ser tratado como ser humano. Desde acá expreso mi repudio a esta candidatura.

Próximo destino: Caracas. (Metrogas: La nueva Aerolíneas)

“Edesur, Edenor, YPF y Metrogas deberían ser estatales”. Los deseos del ganador en las últimas elecciones legislativas Francisco De Narvaez, se están haciendo realidad. Junto a la empresa de transporte aéreo, y los fondos privados de las AFJP, se suma ahora Metrogas. La empresa llamó a “concurso preventivo de acreedores” e inmediatamente el monstruo se les vino al humo. La excusa es la de siempre: asegurar y garantizar los servicios al pueblo argentino. "Consideramos que si la situación financiera de la empresa está en riesgo, no se garantiza que se puedan mantener la calidad y la prestación del servicio" afirmaron desde el ministerio de De Vido. Lo cierto es que desde el año pasado, empresarios como Sebastian Eskenazi (Accionista YPF) dieron a conocer su interés por incursionar en la empresa como socios privados; se rechazó la intención y las explicaciones están a la vista: el default solamente puede ser contrarrestado a través de las manos de papá estado. La estatización es el único fin que persiguen este tipo elucubraciones que chorrean demagogia. Si lo que querían era asegurar la prestación del servicio, vemos claramente que existían otras maneras. La nueva intervención de Metrogas hace un claro uso y abuso de la autoridad estatal y se burla por enésima vez del carácter privado de la empresa. Hay que echar mano a lo que se pueda con tal de que el gobierno populista, siga transitando ese rumbo sin desviaciones hasta el socialismo pleno al que aspiran. Veamos cuáles son los pronósticos de la Aschira Kirchnerista para Metrogas; en el caso de Aerolíneas, nos promete que para el 2012 dejará de dar perdidas. Esperando nueva desinformación.

Papeleras: La ley es la ley, pero...

Asistimos a un proceso histórico que era predecible, aunque de resolución algo tardía. Se levanto el corte de Gualeguaychú, después de algunos años de la religiosa vigilia de “vecinos justicieros” (devenidos en grandes científicos en algunos pocos meses) que mantenían cerrado el paso de la ruta 136 que comunica la ciudad de Fray Bentos con Gualeguaychú. La consigna “No a las papeleras” fue sostenida a pesar de decenas de estudios de Impacto Ambiental llevados a cabo por más de una Institución Científica, y acompañada por las declaraciones del Gobernador entrerriano Sergio Urribarri, quien oficialmente aseguraba que no existían pruebas de que las papeleras contaminaran. Se dieron el lujo de tachar las resoluciones del Tribunal Internacional como “inconsistentes”; ya sabemos a propósito de esto, que más de un argentino está acostumbrado a que su palabra sea la ley, y aún les cuesta dejar su orgullo combativo a un lado para sujetarse a determinaciones de la jerarquía de la Haya. Finalmente las acciones fueron las esperadas, tanto por parte del gobierno que casi cuatro años después advierte el inicio de acciones contra estos asambleístas, que derrotados por la legalidad deciden dar un paso al costado durante 60 días; claro está, que no es un paso al costado gratuito, las condiciones que impusieron los asambleístas es el “monitoreo de Botnia desde adentro”. Pero para que no cunda el pánico, los problemas no se solucionaron: ahora el conflicto se deriva de quien será el encargado de llevar a cabo el monitoreo. Esperamos una solución definitiva a este conflicto, sin condicionamientos y con el acatamiento que una disposición de esa envergadura merece.

lunes, 24 de mayo de 2010

Kirchnerismo mágico, otro género literario

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Ayer tuve el desagrado de ver una entrevista a Federico Luppi hecha por el canal Cristina5Néstor, donde el actor destacaba como un hecho extraordinario del gobierno de Kirchner la acción de descolgar el cuadro de Videla en la Escuela de Mecánica de la Armada. Profundizando, el actor dijo que haciendo esto, Kirchner fue el
primer presidente que asumió el rol de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

No importa que otros dos presidentes desde 1983 a la fecha hayan sofocado tres intentos de golpe de Estado, realizado un juicio a las Juntas, enviado tropas al Golfo Pérsico y a Kosovo, terminado con el servicio militar obligatorio y con el rol preponderante del ejército en la política argentina. Esos fueron verdaderos hechos, acciones importantes que tuvieron consecuencias para la historia posterior. Pero nada de eso importa. Aparentemente lo único importante son los actos simbólicos, que tienen que ver más con lo imaginario que con la realidad, con la creencia de que fabricar o eliminar una imagen tiene algún efecto sensible en el mundo real, más allá de ofender a algunos y movilizar emocionalmente a otros.

En la misma entrevista el actor dijo que valoraba las cualidades de Cristina Kirchner como oradora, explicando que estas serían vitales para que la presidente pueda convencer con discursos a los inversores para venir al país. De nuevo nos encontramos con la misma lógica (si es que se la puede llamar así), la riqueza y el capital vendrán a la Argentina, según Luppi, si una jefe de Estado le ofrece a potenciales inversores un seminario de sus charlatanerías seudointelectuales. Olvídese de la seguridad jurídica, de la independencia del Poder Judicial, de las reglas de juego claras, de los impuestos bajos y de la facilidad para iniciar emprendimientos. Nada de eso. La capacidad retórica de Cristina Kirchner hará aparecer por arte de magia las inversiones necesarias con el solo acto de enunciar amablemente a los inversores una realidad que existe sólo en su propia mente.

El problema de un pensamiento como este es que no lo tiene solamente Federico Luppi. Es parte de una amplia tradición populista y autoritaria, que busca cubrir los rotundos fracasos con gestos simbólicos que apelan a los sentimientos de algunos sectores. Durante el nazismo y en los regímenes comunistas de Europa Oriental, era común que las grandes manifestaciones y el cine de propaganda fueran utilizados por los gobiernos para mejorar su propia imagen.

Visto todo esto, no es difícil entender la necesidad del gobierno por imponerse en materia comunicacional. Una vez que se enfrentan con un dato negativo de la realidad, la solución no se encuentra en mejorar ese indicador, sino en producir un relato que ignore por completo a ese elemento. Si la realidad se materializa con sólo ser enunciada, puedo creer que mi gobierno es el mejor de la historia si me encargo de que ese mensaje se repita continuamente por cadena nacional, y si logro tapar otros mensajes que digan lo contrario.

viernes, 14 de mayo de 2010

Paradojas del pensamiento crítico

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Se conoce como pensamiento crítico a una operación intelectual que consiste simplemente en criticar a determinado producto cultural no por su contenido explícito, sino por la intencionalidad político-ideológica de su autor y su contexto de producción.

Hoy en día, estamos saturados de espacios de este llamado pensamiento crítico. La crítica al rol de los medios se encuentra en todos lados, y hoy en día se les asigna la culpa de todos los males de la humanidad, desde la fiebre tifoidea hasta la violencia familiar. Tal mecanismo puede verse no sólo en espacios tan notorios como 678 o ciertos programas del canal Encuentro, sino también en los ámbitos académicos, donde se ha convertido en una cuestión de moda el asignarle a los medios un rol decisivo en la trama política del país, que en la realidad nunca tuvieron.

La gran contradicción del pensamiento crítico de hoy es que pretende ser una cruzada por el pensamiento independiente, mientras se alimenta exclusivamente de proclamas y consignas creadas por la mesa chica de la quinta de Olivos. Todo esto no surge por generación espontánea, ni es una tendencia abierta por iniciativa de intelectuales de las Ciencias Sociales, sino por dos personas con objetivos políticos muy concretos: Néstor y Cristina Kirchner.

Hasta hace muy poco -y esto sólo cambió cuando Kirchner instaló su guerra contra los medios críticos-, la palabra ''monopolio'' sólo se refería a Microsoft, y el termino ''mediáticos'' sólo aparecía en frases relacionadas con Jacobo Winograd y Guido Suller.

La realidad es que ninguno de ellos pensaba que Victor Hugo Morales fuera una luminaria del pensamiento político mientras criticó al gobierno durante 2008. Esto sólo comenzó a decirse cuando desde la usina ideológica del gobierno se reproducían todos los días algún fragmento de sus discursos oficialistas.

Otro ejemplo de esto son los comentaristas virtuales. Alguna frase o consigna sale de la boca de algún ministro, y por arte de magia todos los militantes virtuales repiten esa misma consigna, como si fueran un casette con la cinta enganchada. Ocurrió con el campo, con las AFJP, Aerolíneas, Ley de Medios, y un largo etcétera. Creen que viven en una guerra ideológica que ganarán a partir del cansancio de sus oponentes.

Ahora, la culpa del golpe de 1976 es asignada por esta gente a los medios, especialmente Clarín y Nación. Antes, la dictadura era vista a partir de teorías no menos ridículas, como una imposición del neoliberalismo a nivel continental o algo parecido. No ver en este cambio de guión un móvil político actual sería imposible.

Pero, casualmente, quienes dicen tomarse el trabajo de ser escépticos y analizar críticamente lo que dicen los medios son los primeros en abrazar incondicionalmente el pensamiento de sólo dos personas, la pareja presidencial.

Es sumamente paradójico el hecho de que quienes se autoproclaman como pensadores independientes a partir de este uso excesivo del pensamiento crítico utilicen exclusivamente términos y conceptos digitados desde arriba, cuando la realidad es que hace dos o tres años, cuando la agenda del gobierno era otra, ninguno estaba otorgándole a los medios semejante rol en su análisis.

Curioso país tenemos, donde el supuesto pensamiento crítico es ejercido sólo por los repetidores de consignas creadas por otros, y esos otros tienen un interés muy claro en todos los conflictos actuales. Confundir el consumo de consignas elaboradas por un gobierno con la inteligencia o la intelectualidad es algo peligroso, especialmente cuando ese gobierno busca mantenerse en el poder justamente a partir del control de la comunicación audiovisual.

Quizás el hecho de que este pensamiento crítico se planifique desde las altas esferas del poder sea la prueba más evidente de cuánto han triunfado estos sectores al nivel del discurso.

domingo, 25 de abril de 2010

Ciudadanos de "mierda"

Compartir El argentino promedio tiene esa tendencia a comprar buzones de un tamaño extraordinario, argumentar en favor del chasco, y hasta pareciera que exacerban esas ganas de volver a comprar uno incluso más grande. Entiendo que los iluminados que nos gobiernan, facilitan esta tarea de berretizar la mente, pero ¿en qué momento encontrarán el modo de sortear esa burbuja que los mantiene alineaditos?
Lo que me preocupa es lo que están sintiendo y pensando estos personajes que se autotitulan “la mierda oficialista”. En un principio pensé que aquellos que seguían 6, 7, 8 eran kirchneristas convencidos del modelo, es decir, me causaban cierta gracia porque en general los peronistas me causan mucha gracia, y aunque no dejaba de salir de mi asombro, muy en el fondo podía entender que había una lógica a la que jamás podría unirme. Son cosas que pasan, habrá que dejarlos que se golpeen la cabeza en unos años, cuando los resultados sean desastrosos, decía. No quiero caer en el análisis, prefiero la observación simple y concreta: lamentablemente (o no) la psicología, ni la sociología son mi fuerte.
Siempre digo que para mí ese programita (6, 7, 8) es como Zulma Lobato, (salvando la ingenuidad de esta pobre mediática) soy consciente de que se trata de mamarrachos con suerte de figurar, pero tienen ese “algo” que me lleva a mirarlos. Quizás sea justamente el hecho de que ambos compartan la condición de fenómeno: una cosa extraordinaria, sorprendente.
Bueno, como venía diciendo, todo era “normal” hasta que llegué a la parte en que los mismos televidentes se autodenominaban “la mierda oficialista”, un rótulo que se difundió desde este programa básico. Desde ese momento supe que algo estaba muy, muy mal; no se trataba ya de una lógica opuesta, de un conjunto de ideas que yo creía obsoletas, acá estaba pasando algo grave. La propaganda en general, consiste en lanzar una serie de ideas que busca influir en el sistema de valores de las personas, ahora... ¿Cuán políticamente correcto es que se haga creer a una serie de personas que son una mierda? ¿Cuál es el alcance de estos grupúsculos que están a cargo de difundir un plan de gobierno que supuestamente es serio y comprometido? ¿La ciudadanía que los sigue es mierda? La conclusión no es complicada, la legitimidad de la institución recae en la mismísima mierda, es una lástima, podríamos haber arribado a esa conclusión sin tanta imprudencia. Esos argentinos son consumidos por 4 o 5 periodistas que esconden su óptica detrás de un archivo, y esto es acompañado por una ley que cercena la posibilidad de que este tipo de medios tenga una competencia a la altura de las circunstancias. La televisión en el siglo XXI es el medio masivo por excelencia; es preocupante que esté siendo manipulado de esa manera y con fondos que no le pertenecen. No logro advertir ninguna diferencia entre los dictadores del '76 y su relación con el mundial '78, y el “Fútbol para todos”. Es la misma manipulación impune disfrazada de democracia (en decadencia). Estas “mierdas” de personas sufren de tal manera la democracia, que llego a pensar que prefieren otro sistema de gobierno, en donde se valgan de victimarios para sostenerse y legitimarse, no muy diferente a los sistemas totalitarios más conocidos y que supuestamente repudian. No necesitamos ciudadanos de mierda, necesitamos personas que ejerzan su ciudadanía con responsabilidad, y sobre todo con compromiso. La democracia no necesita de programas que inculquen en los televidentes la idea de ser mierda por ser diferentes, de hecho esa es su virtud más importante. Argentina necesita vivir en democracia y este tipo de adjetivaciones no hacen más que torcer ese camino tan necesario y sin duda el más apropiado. La guerrilla comunicacional no puede ser el único camino, sencillamente porque es el peor de los caminos de mierda.

lunes, 19 de abril de 2010

Kirchner y la clase media progre, amigos 80%

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Se le atribuye a Ronald Reagan la siguiente frase: Aquel que está de acuerdo con vos un 80 por ciento es un amigo y un aliado - no un traidor 20 por ciento.

Por más que el estilo verticalista y autoritario de los Kirchner necesite aliados 100% y no pueda tolerar siquiera a traidores 5%, la realidad es que las políticas de los Kirchner tienen muchos más amigos de lo que ellos ven.

Basta examinar el artículo de Esteban Peicovich en Perfil de este domingo. Peicovich trata de responderle, de manera poco efectiva, a Guillermo Martínez, el escritor que hace unos días dijo que la oposición a los Kirchner tiene mucho de odio irracional. Sin embargo, parece que aceptara la acusación como válida y se defiende, más bien, mostrando que está bastante cerca de ser kirchnerista:

Soy de clase media pero no odio. Apruebo y discrepo. Y per il dubbio, van detalles. Estoy a favor (con matices) con lo actuado en política antigenocida, Corte Suprema, PAMI, Ley de Medios, AFJP, Conicet, Ingreso ciudadano (que no universal) a la niñez. Pero no me banco el ninguneo a la exclusión, el patoterismo oficial, la corrupción, el Indec, el clientelismo, el Consejo de la Magistratura, la falta de reforma tributaria para que paguen más los que más tienen y ganan, la no eliminación del IVA a lo básico de una canasta humilde. Lo cual, mi temerario Martinez, ni es irracional ni gorila. Es el camino del medio. Ese que hasta Perón respetaba.

Entonces, ¿contra qué está Peicovich? Los temas que desaprueba del kirchnerismo son cuestiones de forma, que ocurrirían en cualquier gobierno peronista o de otro signo político. Y aparentemente, es incapaz de establecer relaciones entre las medidas que le gustan con aquellas que no le gustan:

-La corrupción ha ido en aumento gracias a la discrecionalidad otorgada al gobierno por las leyes que Peicovich apoya.

-El clientelismo es una consecuencia natural de los planes asistencialistas, que el autor defiende.

-El tema del Consejo de la Magistratura es sólo un eslabón más en la persecución del kirchnerismo hacia instituciones independientes, tal como la Ley de Medios que Peicovich defiende.

Un intento claro de estatizar los medios de comunicación no puede ser logrado sin violencia y patoterismo. La violencia kirchnerista que bordea el fascismo es inseparable de su proyecto de avance del Estado sobre la sociedad.

¿No se da cuenta Peicovich, que lo que el llama "patoterismo oficial", tiene una notable impronta sobre las leyes más importantes que el kirchnerismo ha promulgado?

Parece que Esteban Peicovich usa esta columna de Perfil para justificar su pertenencia a una "clase media progre", esa que criticaba a Menem sólo por lo que hacía bien y se horrorizaba por la deshonestidad del riojano, para luego hacer la vista gorda ante los escándalos de corrupción K entre 2003 y 2007, otorgando a Cristina Kirchner el 46% de los votos.

Son la clase de gente a la que 6-7-8 busca llegar, no contentos con los rebaños que acarrean hacia los actos oficiales entre Hugo Moyano y la dueña de un estado paralelo en Jujuy. Quieren distinguirla de lo que ellos llamarían clase media fascista, aquella que está en contra del kirchnerismo por una genuina oposición a sus políticas de estado. Esa clase media a la que Martínez atribuye un supuesto odio irracional, y de la cual Peicovich intenta despegarse de manera desesperada.

viernes, 16 de abril de 2010

Voodoo economics

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A esta altura es claro que al evaluar propuestas económicas, el kirchnerismo no evalúa su validez teórico-práctica o su simple viabilidad, sino la efectividad de las chicanas que van a repetir en los medios de comunicación.

Durante varios días, la palabra más repetida con la intención de ensuciar a la oposición ha sido una sola, el ajuste. El ajuste es el gran fantasma para el populismo latinoamericano de hoy, un equivalente de lo que hubiera significado para un político de otras épocas ser acusado de comunista.

Si la política argentina abandonara la repetición irreflexiva de consignas y se hiciera algún lugar para la discusión honesta sobre las políticas de Estado, se podría echar algo de claridad sobre estos asuntos.

Todos podríamos acordar que la inflación es el peor ajuste que existe, porque afecta directamente al precio de los alimentos, principal consumo de los sectores socioeconómicos más pobres.

Según el grupo de trabajo de la ex-directora del INDEC, Graciela Bevacqua, la inflación de estos meses de 2010, anualizada, se encuentra alrededor del 40%. El ajuste del que tanto habla el gobierno rememorando la experiencia de De la Rúa, fue del 13% y se trató de un último recurso para combatir un déficit agobiante, mantener la convertibilidad y no declarar el default. El ajuste propuesto por López Murphy unos meses después, para los presupuestos educativos, fue del 5%.

A partir de estos números, es muy fácil darse cuenta cuál es la facción política que aplica el ajuste, o en todo caso, cuál es la que aplica el ajuste más dañino para la población.

Sin embargo, no faltó quien, después del intercambio de palabras entre Amado Boudou y Gerardo Morales, creyó que el primero tenía un argumento válido cuando dijo que
"Todos nos hicimos cargo de las malas decisiones (...) cuando a usted le tocó gestionar le bajó el 13% a los docentes (...) fue su gobierno el que quiso quitarle del presupuesto a las universidades"

La cuestión es, por qué dejamos que los que han destruido al país con sus políticas empobrecedoras de alta inflación sigan manejando el debate politico. Y, parafraseando a Ann Coulter, se me ocurrió que:

Los populistas son lo que ellos acusan a los liberales de ser: un grupo de millonarios elitistas con muchas pretensiones de dirigir las vidas de los demás, que se hicieron ricos gracias al poder estatal y se encargan de que su festín de gasto público sea pagado por los más pobres.

Los liberales somos lo que ellos proclaman ser y nunca fueron: personas interesadas en que los trabajadores puedan adquirir la mayor cantidad de bienes y servicios, a partir de una moneda fuerte. Que se genere la mayor cantidad de empleo genuino posible, a partir de los estímulos a la inversión privada.

Sin embargo, la imagen un gobierno que defiende causas populares todavía suena verosímil a los oídos de ciertos sectores afines a estas políticas. Habría que preguntarles cómo pueden hallar un
“modelo de la producción y el trabajo” donde sólo existen los planes asistenciales que se agotarán cuando se acabe el dinero de los jubilados, o el dinero de la próxima expropiación del gobierno.

Pero claro, como casi siempre vale más el videograph de 678 que la realidad, los políticos se dedican a no ser alcanzados por el temible cuco del ajuste, el cuál tendrán que hacer inevitablemente si aspiran a gobernar después de la gran fiesta populista, mejor conocida como kirchnerismo.